La Huasteca huele a naranja

Después de la lluvia y frío en el desierto llegamos a lo que son las primeras señales de selva, clima húmedo y caluroso, abundancia en especies de animales y plantas, abundancia de agua, cascadas gigantes, frutales en el bosque, plataneros, mangueros, flores de todos tipos y un sonido constante de pájaros e insectos…. es La Huasteca Potosina.

Fueron muchxs los que nos hablaron de este lugar pero, cortxs se quedaron al describirnos su belleza.

Aquí llegamos desde el desierto, donde llovía y hacia frío, a la húmeda montaña, donde pudimos volver a guardar las chaquetas.

hemos estado varios días pendientes de la perra, ha estado muy débil después de la operación de esterilización y con miedo,acostumnrandose a la vida de coche y viaje, pero ya empieza a sentirse mejor , más feliz , después de mucho amor.

Después de dos dias de viaje desde el desierto llegamos a Xilitla un precioso pueblito de calles empinadas, algo turístico, se hizo muy famoso por “el jardin surrealista”, construido en los años 50 por Edward James, un poeta y artista inglés, con sangre y dinero de la familia real inglesa, que se enamoró de esta zona de México y experimentó arquitectonicamente en 20 hectáreas de selva potosina.

L

legamos hasta aquí, para participar de un proyecto que encontramos en “workaway” que me parecía interesante, para quien no sepa de workaway, se trata de una plataforma de Internet donde puedes encontrar proyectos, para hacer voluntariado, a cambio recibes alojamiento y comida, es una manera genial de conocer la gente y la cultura del lugar más a fondo, viajar barato, y aprender sobre lo que sea de que se trate el proyecto.

Este en concreto, trataba de construir una casa en la montaña con materiales orgánicos, ladrillos de barro, techo tradicional de paja etc.

Aunque finalmente, el proyecto ahora mismo anda algo parado pero pudimos igualmente dormir y vivir en el espacio.La casita se encuentra en un gran terreno con un jardín salvaje, en los alrededores hay mucha agua, manantiales y pozas , al salir el sol se empiezan a escuchar todos los animales despertando, el zumbido de las abejas, los pájaros aleteando, luego empiezan, más aletargados los animales domesticados, los gallos aún subidos a las ramas del níspero, las vacas a lo lejos repitiendo su mantra…

Todo esto acontece mientras, desde la cama vemos como el sol llega a este nuevo día.

Cada día al después de despertarte con ese espectáculo tocaba, encender el fuego para cocinar, cosa que podía tomar horas, y mucha atención para que el fuego no se apagara, ¡que bonito reaprender el esperar!, poner conciencia sólo a una tarea, dejar que las cosas tengan sus ritmos y no imponer el ritmo acelerado de nuestra sociedad capitalista que necesita microondas para que el tiempo que dedicamos a la alimentación sea lo más fugaz posible.

Atrapadas nos quedamos en la huasteca por cerca de un mes, ya que, esconde una magia especial, una naturaleza exuberante, mucha fruta y comidas deliciosas… muchas plantas medicinales, y personas bellísimas que te acojen con mucho amor.

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